miércoles, noviembre 04, 2009

Tiempos modernos

viernes, octubre 09, 2009

Si vis pacem, para bellum


Hay galardones que, con el transcurso del tiempo, van adquiriendo una tonalidad diferente de la que sería de desear. Ni el famoso Oscar cinematográfico contiene ya en su estatuilla una supuesta calidad en el trabajo de quien lo alza en público, ni los Nobel, en una gran mayoría, van a parar a las manos (cuentas corrientes) de aquellos que en verdad lo meritan. No digamos ya el denominado de la Paz para el que el inventor de la dinamita legó también una enorme cantidad de coronas, que desde 1901 detentan personajes tan antagónicos como Adolfo Pérez Esquivel y Thomas Woodrod Winson, la Cruz Roja y Los Quakers, Albert Schweitzer y Lech Walesa, Martin Luther King y Oscar Arias, a quienes se premió por el esfuerzo que una desarrollaron en favor de la concordia, la justicia, la ausencia de violencia, la protección de los más débiles, la infancia o el mismo planeta. Es evidente que en las discusiones de las que surge el nombre del ganador, hay ocasiones en las que el aquavit o el glögg, presentes en las cachupinadas noruegas de toda índole, alteran el normal funcionamiento de los miembros del comité encargado de esta elección.

Cuando ese comité de sesudas mentes nórdicas, en este caso no suecas, cuya visión sobre “un trabajo en favor de la paz” debe ser la misma que mantiene el Papa sobre sus obispos pedófilos, es decir, idéntica a la que Patxi López aplica al término democracia, acaba de dar la campanada al decidir que el presidente Obama sea honrado con ese título. No he podido por menos que recordar que una misma pléyade de rigurosos cerebros, consideró hace años que el criminal Henry Kissinger obtuviera el mismo nombramiento, tras haber teledirigido, entre otros delitos contra la humanidad, la tortura y asesinato, por medio de generales tan pacíficos como Pinochet o Videla, de centenares de miles de inocentes ciudadanos latinoamericanos.

El portavoz del instituto que otorga el Nobel de la Paz, consciente del efecto sorpresa que iba a causar la noticia, con un semblante parecido al de Billy Cristal abriendo el sobre mientras pronuncia “And the winner is…”, leyó ante los micrófonos el resultado, asegurando lo insólito del hecho de que en sólo ocho pocos meses, una persona como el mandatario que ocupa hoy la Casa Blanca, “…habia realizado enormes esfuerzos por el diálogo y la diplomacia, generado una opinión extraordinariamente favorable entre millones de personas”. Tanto entusiasmo como George W. Bush ordenando la invasión de Irak, atemperado siete años más tarde, tras haberse conocido las mentiras y manipulaciones que su gobierno desplegó para acaparar el petróleo de aquella masacrada nación.

Como suele ser habitual, yerro en mis predicciones. Imaginaba que Evo Morales, Hugo Chávez, Fidel Castro o Rafael Correa podrían haberse alzado con ese título. Pero no. Al parecer, esos señores herederos de la voluntad de Alfred Nobel no consideran que luchar por la sanidad pública sea merecedor de nada; que combatir la miseria sea igualmente fundamental para una sociedad, que asegurar los mínimos para una población en orden a su sustento sea una formidable guerra contra el hambre y la injusticia. Tal vez estoy equivocado.

Obama recibirá un cheque de 10 millones de coronas noruegas (poco menos de dos millones de dólares) por mantener al 12% de los norteamericanos sin atención médica, a pesar de sus promesas de protección social; por continuar aplicando el infame bloqueo contra la población cubana, pese a sus primeras intenciones; por no clausurar el campo de concentración de Guantánamo, como aseguró en sus discursos previos a la toma de posesión del cargo; por dejar en la calle, sin hogar, a más de dos millones de compatriotas; por no ordenar que las tropas invasoras en Irak abandonen la zona, como había asegurado en su campaña; por enviar más tropas a Afganistán, el país más pobre del globo, con la disculpa artera del peligro talibán; por consentir que un terrorista como Luis Posada Carriles camine en libertad por territorio yanqui; por no permitir que se juzgue con garantías a los Cinco Héroes cubanos, condenados a penas exorbitantes por delitos no demostrados. La lista, querido y flamante Obama, debería levantar un mínimo rubor en tus tostadas mejillas.

El presidente de los USA ha sido premiado pues, no por su indemostrable lucha por la paz y la justicia, sino porque sigue apoyando todas las guerras que comenzaran sus antecesores, con el único cambio que supone su sonrisa, y sus declaraciones falsas, imprecisas, cobardes y exentas de toda voluntad de pacificación. Por ese incumplimiento de los compromisos adquiridos con sus votantes, por sus intenciones, mas no por sus obras.

Este tipo de recompensa consigue el mismo efecto que un anuncio de pildoras contra la gripe porcina: son una monumental mentira, una trampa tan descarada, que aquel ciudadano que crea de corazón que Obama ha hecho esfuerzos por la paz, no sólo se miente a si mismo, sino que es capaz de creer que Benedicto XVI, cuando protege a un obispo o cardenal sodomizando a un adolescente, merece el premio a la Bondad Suprema.

El Nobel de la Paz sigue manchado de sangre inocente. ¿Hasta cuando?



Por Carlos Tena en Kaos en la Red

lunes, octubre 05, 2009

Una sola piel - de Maritza Rodríguez

Como empezar a escribir y conquistar desde las letras un recuerdo, un dolor antiguo, una hermandad sellada por la sangre y las lagrimas, como actualizar el pasado desde una idea que se gesta a diario….tal vez diciendo que cualquier mínimo asomo por llevar al papel la amargura es solo eso, un intento, un mínimo lance poético que pretende sino salvar las vidas ya perdidas, por lo menos, conservar las presencias que no mueren.

El dolor y las lágrimas nos hermanan con más intensidad que nos separan tantas diferencias inventadas por el hombre, casi todas producto de su avasallante deseo de poder y la locura sinuosa que este produce; fronteras, límites y demarcaciones físicas no impiden que el abrazo se done como se comparte el aire y el cielo azul y en eso los niños y las flores nos aventajan.

América Latina es un tejido de colores unido en sus pliegues por la alegría de su música, la inconmensurable belleza de sus paisajes y aromas y el drama de sus pueblos; travesados por historias que cada día reacomodan nuestro sentido identitario y que nos hace compartir el nudo en el estomago y el vomitivo rechazo por quienes levantan su brazo para descargarlo sobre las cabezas inocentes de hombres, mujeres y niños simples de este territorio abandonado por Temis. Por cada niño que sufre los horrores de la injusticia en la lejanía profunda de Coicoyán de las Flores, en el estado de Oaxaca en México , hay otro que hace eco a su pena en algún pueblito perdido del Chaco argentino, por cada madre que reclama por su hijo en la honrosa Plaza de Mayo hay otra que le contesta en la Plaza del municipio de Soacha a pocos kilómetros de la capital colombiana; por cada 30.000 desaparecidos bajo el yugo de la dictadura hay miles y miles y miles de voces que hacen coro a su angustia en casi todos los rincones de América, El Salado, Bojayá, Mapiripán en Colombia, Warizata en Bolivia, o Puerto Montt en Chile… por cada hombre que espera en la vera de su casa la llegada de su madre que no tendría que haberse ahorrado a la fuerza todos los besos que no pudo darle, hay una mamá argentina en Honduras que convencida de su lucha rodea desde la distancia a sus hijos con el abrazo tierno que sólo una madre puede extender a lo largo de todo un continente si es necesario…si pudiéramos hacer un radiograma de los abrazos maternos que atraviesan en nuestra América veríamos infinitas líneas entrecruzadas desde el Perú, Paraguay, Honduras, Bolivia, Colombia, Guatemala, Chile, Surinam, Nicaragua, Argentina, Belice, Uruguay, México, Panamá, Venezuela, Guayana, Brasil y miles de manos que se tocan desde la distancia…

Para la pena una lágrima, para la muerte sólo la esperanza… para la vida: soñadores, visionarios, románticos, quiméricos, músicos, cineastas, escritores, poetas, maestros, convencidos, idealistas y niños con eso es más que suficiente.-

miércoles, septiembre 30, 2009

La revolución en un cedro azul.

El título original es "Sólo los pobres tienen cosas". Le cambié el título para dedicarle éste artículo de Santiago Alba Rico (Cubano) a un cedro azul que desde hace 15 años crece en la puerta de mi casa de la infancia. Que me contempló por la ventana leyendo o desde atrás de la reja jugando al fútbol en la vereda. De vez en cuando me ve pasar y me cuenta que sus raíces caprichosas se esconden temerosas bajo la casa. Que por ese miedo algún día no estará.



Ahí va:

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En nuestra vieja casa de piedra, en un pueblecito cerca de Madrid, teníamos una parra que había trepado durante décadas, agarrada al muro, para desplegar sobre el balcón su sombra dulce de hojas y de uvas. Un día, no la encontramos; al pie de la pared dolorosamente desnuda se alzaba un muñón diminuto serrado con violencia, tristísimo cimiento vegetal de la catedral derribada. Al vernos, uno de los vecinos se nos acercó para explicarnos con naturalidad, y casi con reproche:
- Era un engorro. Me he comprado un coche nuevo más grande y tenía que maniobrar mucho para entrar en vuestra calle, exponiéndome además a que la parra me rayara la carrocería. Así que la he talado. Era dura la condenada; he tenido que sudar para cortarla.

Pedía casi que le agradeciéramos el esfuerzo. Tan improcedente le parecía que un árbol obstaculizase el camino de un coche, y tan natural esa jerarquía, que no podía imaginar nuestra contrariedad ni nuestra cólera. Entre coches, la lucha habría estado quizás igualada; pero entre un coche nuevo y una excrecencia natural que nadie había comprado, y que salía de debajo de la tierra, el coche nuevo debía hacer valer rutinariamente todos sus derechos.

Las catedrales a veces crecen solas: se llaman parras o almácigos o colinas o glaciares. Se toman su tiempo en formarse -décadas, siglos o milenios- y desaparecen luego en un minuto porque obstaculizan la multiplicación y disfrute de la verdadera riqueza, fabricada por la Ford o por la Sony y vendida por Wall-Mart o El Corte Inglés.

El modelo mental de nuestro vecino aldeano es el de un mundo, el capitalista, en el que son los coches -las mercancías en general- y no los árboles los que tienen valor. Pero tampoco puede decirse, la verdad, que tengan mucho valor. Que prefiramos los coches y los televisores a las parras y las colinas no quiere decir que coches y televisores revistan a nuestros ojos el valor sagrado que para nuestros antepasados tenían ciertos árboles o ciertas montañas. En este mundo están, por así decirlo, las criaturas que no tienen ningún valor -como los rosales, los ríos y los iraquíes- y las que tienen muy poco valor, como lo son todas las que podemos comprar en el mercado. Lo hemos escrito otras veces: los españoles tiran a la basura sus teléfonos celulares cada tres meses, sus ordenadores cada año y medio, sus carros cada dos años. Tiran ininterrumpidamente los pañuelos, los papeles, las botellas, los encendedores, las cuchillas de afeitar, los bolígrafos, los Cds. Valoran más, claro, un trozo de plástico que un castaño milenario, pero el trozo de plástico lo tratan sin ningún respeto y enseguida lo olvidan, lo arrinconan o lo cambian por otro semejante.

El misterio metafísico del capitalismo se resume en esta pregunta: una mercancía ¿es realmente una cosa? Pero antes que nada: ¿qué es una cosa? Digamos que cosa es todo aquello que se rompe y que tarde o temprano no se puede ya recomponer; todo lo que está desprotegido, todo lo que requiere cuidados, todo lo que se vuelve irreemplazable con el paso del tiempo y cuya ausencia, por eso mismo, deja también una especie de cosa intangible y triste en su lugar. La silla que me ha soportado tantos años, el libro, el jarrón, el mar, el mundo mismo son cosas. Un niño y un amado son cosas. Nos guste o no, en la medida en que somos cuerpos y estamos a merced de todos los demás, los seres humanos somos también cosas . No nos importaría ser tratados como cosas valiosas -o al menos como animales de compañía. Pero el problema es que, bajo el capitalismo, somos tratados como mercancías.

Antes la burguesía acumulaba muchas cosas; ahora sólo los pobres conservan algunas pocas con vergüenza y aspiran precisamente a liberarse de ellas. Las cosas han desaparecido. Cuando algo está a punto de convertirse en una cosa, se corre al mercado a cambiarla por otra. Nada se rompe porque todo lo tiramos mientras aún sirve o funciona; nada llega a estar ausente porque no le damos tiempo para estar presente. El mercado capitalista constituye un “hombre nuevo” porque establece un lugar antropológico sin precedentes en el que todo lo existente -todas las criaturas, naturales y artefactas- se pueden reemplazar. De los costes ecológicos de esta ilusión de intercambiabilidad y reemplazabilidad (que se alimenta de recursos finitos y de un planeta diminuto e insustituible) se habla a menudo; lo que no se dice con tanta frecuencia es que, en un mundo sin cosas, en un mundo en el que los humanos no alcanzamos ni siquiera el rango de cosas, en el que nada nunca llega a romperse, todo se puede tratar por igual sin ningún cuidado. ¿Las parras, los ríos, los iraquíes? Son obstáculos para el mercado. ¿Los coches, los televisores, los trabajadores? Vamos, hermano, a comprar uno nuevo.

Todo nuestro universo mental y cultural está ya configurado por esta falta radical de cuidado que acompaña a la ilusión fundamental del mercado: la de que todo tiene solución. La publicidad no anuncia productos concretos sino el evangelio -la buena nueva- de esta curación universal: todo tiene arreglo y si usted tiene arrugas, estreñimiento, la piel seca, poco pelo, nadie le quiere, no le dan trabajo, es sólo culpa suya. Es duro ser pobre cuando uno sabe que con un poco de dinero podría dejar de serlo; es duro ser pobre cuando sabemos que podríamos ser incluso inmortales -y con nosotros toda la familia, que tampoco nos lo perdona- si hubiéramos hecho bien la compra.

Pero esta desaparición de las cosas no rige sólo el universo publicitario; también el cinematográfico. Lo que hay que reprochar al esquema de Hollywood no es que oponga de un modo excesivamente sumario el Bien al Mal. Yo también lo hago: para mí René, Antonio, Fernando, Gerardo y Ramón son los “buenos” y -por ejemplo- Kissinger, Bush y Cheney son los “malos”. Lo que tiene de engañoso, enfermizo y corruptor el esquema de Hollywood es su pretensión -puro reflejo del mercado- de que todos los conflictos tienen solución y todas las pugnas conciliación.

No es así: nos rompemos, nos morimos.

No es así: hay luchas en las que sólo puede haber un vencedor.

Porque nos morimos tenemos que cuidarnos los unos a los otros.

Porque el capitalismo nos trata sin cuidado, es necesaria la revolución.

miércoles, septiembre 16, 2009

La otra campaña en guanajuato.


Hace 3 años y algunos meses de la visita de la otra campaña a Guanajuato, movimiento comandado por el sub comandante Marcos del MZLN (Movimiento Zapatista de Liberación Nacional).

Ese día, de largas jornadas, se lo llevó a visitar primero a los presos políticos en Puentesillas, donde para entrar le pidieron quitarse la capucha así que terminó hablando afuera parado arriba de una camioneta con un microfono.

Más tarde se lo llevó en caravana a la mina de la cooperativa Santa Fe, cooperativa que había sido usurpada por empresarios locales y vendida (sin el consentimiento de la misma cooperativa) a una empresa finlandesa.

Habló gente de la cooperativa exigiendo que la mina vuelva a los trabajadores.

Representantes del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario, de Silao) y representantes del MGDJ (Movimiento Guanajuatense por Dignidad y Justicia) denunciaron la violencia policial y la forma en que la tapan los medios en Guanajuato.

"el vampiro" un conocido indígena de la zona denunció el maltrato que sufren los pueblos originarios, así como la expropiación ya consumada de sus tierras dejándolos a la deriva.

Entre denuncias y mensajes de esperanza sonó la batucada "abajo y a la izquierda". Un receso de mediodía con olla popular y una caravana de despedida que escoltó a Marcos hasta la salida hacia León.

El audio de Marcos en puentecillas:

http://www.jurassicradio.com.ar/audio/el-subcomandante-marcos-en-guanajuato

martes, septiembre 15, 2009

Libertad de expresión.


No quiero escuchar,
pero tu clarín suena muy fuerte,
Quiero hablar,
pero tu clarín tapa mi voz.
Un día te pidieron bajar el volumen,
y dijiste "no hay libertad de expresión".

viernes, julio 24, 2009

La cúpula del Sindicato Argentino de Bateristas da la cara: Piqueteros del ritmo

Asunto de Estado: Desde la penumbra y el fuera de foco, el gremio virtual de los parches y los platillos viene creciendo en todo el territorio nacional. Adoradores de Keith Moon, Ringo Starr y Bonzo Bonham, trabajadores con plena conciencia de clase, he aquí la primera aparición pública de la guerrilla virtual que amenaza con derrocar el liderazgo histórico de cantantes y guitarristas.

Están hartos de años y años de maltrato y falta de reconocimiento. Tienen un sindicato desde hace tiempo, pero recién ahora decidieron sacarlo a la luz, con propuestas para mejorar su calidad de vida y medidas de acción directa para lograrlo. La estructura gremial es un tanto anárquica y las reuniones son telepáticas, pero si algo no les falta son bombos para hacer marchas de protesta. Los piqueteros del rock, señoras y señores, son los bateristas.

“Para un baterista, no hay nada mejor que otro baterista”, se emociona Ray Fajardo, de El Otro Yo, líder nato y político verborrágico del Sindicato. En la mesa de un bar, se paran para aplaudirlo Panza (Babasónicos), Pablo Potenzoni (ex Todos Tus Muertos, actual cantante y guitarrista de X.X.) y Ezequiel Dasso (Santos Inocentes). Otros miembros ilustres del gremio de los palillos y los parches son Leo De Cecco (Attaque 77), Martín Carrizo (ex A.N.I.M.A.L. y Cerati), Paco (ex Massacre), Mafia (Kapanga) y Ale (Cabezones). El número de integrantes crece día a día, porque los bateros aprovechan sus giras para adoctrinar a sus colegas. “Y la mayoría pide al toque la solicitud de afiliación virtual”, afirma Fajardo.

La idea del Sindicato, en realidad, no vino de los propios bateristas. “En cualquier recital, cuando nos juntábamos dos o tres bateros, los demás músicos se asustaban y decían: ‘Uh, vino el sindicato, qué peligro’”, recuerda Panza. “Tal vez les llamaba la atención porque entre los otros músicos no hay una conexión directa, una simplicidad para relacionarse, como entre los bateros.” Dasso tiene una teoría al respecto: “Quizás el baterista tiene mucho más definido su ego y lo usa para otras cosas, y por eso tiene la virtud de poder compartir”. Y Potenzoni asegura que un baterista puede acercarse a otro después de un show y decirle qué le gustó y qué no. “¿Te imaginás un cantante que le diga a otro: ‘Che, cómo desafinaste...’? Se cagan a piñas ahí mismo...”

Los miembros del Sindicato plantean la necesidad de tener página web propia, conformar una obra social que cubra los gastos médicos de ampollas y callos en las manos, y que provea asistencia psicológica durante las 24 horas. Y también contar con asesoramiento legal. “Pasa que los bateristas somos como las ovejas negras para Sadaic”, se queja Fajardo. “Nada de lo que tocamos puede registrarse como derecho de autor. Cuando componés una canción sólo se registra la melodía de voz y la armonía, pero la mayoría de las canciones que fueron muy importantes tienen ritmos únicos.”

La bronca crece y no sería muy raro que en algún tiempo los miembros del Sindicato hicieran una gran jaula en Plaza de Mayo, soldando los corralitos de batería, o que cortaran el acceso a Sadaic con sus bombos. Panza, más radical, propone crear otro organismo: la Sociedad de Compositores de Ritmo. “Igual, Sadaic contempla la armonía, o sea que está contemplando el ritmo. El tema es que lo valoren los músicos con los que uno toca”, tranquiliza Dasso. Y Fajardo se entusiasma con un paro general de bateristas, que haría que ninguna banda pudiera tocar. “Imaginemos que Panza se queda sin platos y Babasónicos no le quiere comprar; paramos todos y que Adrián (Dárgelos) se arregle con Ciro (Pertusi, de Attaque) y Cristian (Aldana, de El Otro Yo).” Y también hay palos para la prensa: “¡Basta de salir fuera de foco en las fotos!”, se quejan.

“Hay rumores de la existencia de un sindicato disidente”, revela Potenzoni. “No se sabe quiénes son, porque siempre usan capuchas.” Fajardo tiene más precisiones: “Nosotros tenemos bustos de Ringo Starr, de Bonzo Bonham, de Keith Moon. Los disidentes parece que responden a la escuela de Pete Best (el batero que abandonó a los Beatles). O sea, losers. Son los que van con el serrucho a hacerse los buena onda con los cantantes y a esperar a que te levantes de la banqueta para chorearte el puesto”.

El batero de El Otro Yo también recuerda atentados contra el gremio. “En los ‘80, con el tema de las máquinas, intentaron sacarnos del paso, pero no pudieron. Hoy escuchás esas bandas y te das cuenta de lo ridículas que suenan, mientras que los que están en lo más avanzado en cuanto al uso de tecnología, como Beck, samplean a Ringo. Además, toda la tecnología está destinada a ayudar a los demás músicos: el autotune ayuda a afinar a los cantantes, en un rack tenés cuarenta equipos de guitarra, compresores... Hoy en día, el baterista es el músico más sincero.” Segunda tanda de aplausos. “Es que el baterista es el motor de la banda, aunque estén todos mirando al cantante. Joe Strummer (cantante y guitarrista de The Clash) tiró una ley que dice: ‘Una banda es tan buena como su baterista’. Cuando lo escuché, me pintó una lágrima”, confiesa Potenzoni.

Pero, ¿qué sucede cuando el baterista deja los parches y pasa al frente, a cantar o a tocar la guitarra? “Jamás es una traición”, se apura en aclarar Potenzoni, como forma de autodefensa. Pero después reconoce que en el Sindicato hubo “una discusión jodida” al respecto. “Este gremio tiene que ir amoldándose a las nuevas exigencias de los bateristas”, concede Fajardo. “En eso puede estar Dave Grohl (batero de Nirvana, cantante de Foo Fighters) como referente... No nombremos a Phil Collins, porque sería como hablar de Manzano. Phil Collins transó con el sistema.”

PANZA (1)
Lado B Experimento mucho con los sonidos e intento tocar otros instrumentos. Desde hace un año empecé a hacer cosas solo, pero siempre terminan en Babasónicos o con Carca.

Start Un día fui a un asado familiar y en el lugar había una batería. Me senté a tocar y dije: “Esto es para mí”. Al principio fui a dos profesores, pero me aburrí mucho. Lo mejor para aprender es tocar con otra gente y escuchar mucha música.

¡Solo de batería! Estoy a favor... a veces. Un par de veces hice solos, pero forzado por mis compañeros (risas).

EZEQUIEL DASSO (2)
Lado B Podría decirse que hago cosas paralelas a Santos, aunque sean sólo ideas. Son completamente diferentes, pero por ahora no me interesa mostrarlas.

Start Llegué a la batería después de pasar por el piano y la guitarra. Estudié una carrera terciaria de batería en un instituto que representa al Musicians Institute.

¡Solo de batería! Diría que “ni”, pero me inclino más por el no. El solo no me parece significativo en lo artístico, aunque puede serlo en cuanto a crear un clima, a subir o bajar un show.

PABLO POTENZONI (3)
Lado B En X.X. canto y toco la guitarra (el grupo ya tiene listo su debut, No es lo que ves), pero nunca abandoné la batería. Es imposible dejarla.

Start A los 9 años cantaba y tocaba la guitarra, recién a los 14 me pasé a los palos. Estudié en un conservatorio y después tomé clases particulares con un baterista profesional. Pero creo que también se aprende muchísimo escuchando a otros músicos.

¡Solo de batería! Estoy en contra, me parece espantoso. Aunque hay cosas buenas: depende de lo que emane del baterista. En general, el solo no me divierte y siempre me parece algo impuesto.

RAY FAJARDO (4)
Lado B Tengo listo mi disco solista, Hobby, con doce canciones acústicas. También saqué un librito de poemas, El mar alado. Me gustaría escribir un relato largo, pero como no sé, comienzo y a las diez páginas me pierdo.

Start Desde chiquito le daba a los baldes en el fondo de casa. Mi vieja me quería anestesiar y me mandó a piano y guitarra, pero no me interesaban. Un chabón intentó darme clases: me explicó lo básico para poder leer una partitura y me pasó la de un tema de The Police, pero yo lo saqué de oído y simulé que leía. El se dio cuenta, se cagó de risa y nos hicimos amigos.

¡Solo de batería! Lo estuve pensando: vuelve el solo. Antes, cuando se nos rompían los equipos, contaba chistes o hacía un solo. Y ahora lo extraño a full, así que va a volver por más que los equipos funcionen.